39° C
Sentado bajo una palapa en la playa, disfrutaba de la vista que ofrecía la diminuta playa Carrizalillo. Aún debajo de mi sombra personal, la plástica botella de agua helada, parecía derretirse más rápido de lo que lo que la tomaba. Frente a mí, en la playa, cerca de donde rompían las olas del mar, una hermosa chica bronceaba su cuerpo tendida de espaldas al sol.
Mientras me secaba el sudor de la frente, observé a través de mis lentes obscuros, como ella se reacomodaba un poco, persiguiendo los rayos del astro amarillo. La chica de cabellos rubios y un diminuto bikini rosado, parecía disfrutar del sol que a mí ya me había ampulado la espalda en otra terrible ocasión.
Acostada sobre un pareo azul cielo, la acalorada chica se desamarro el sostén. Su espalda me recordó un sartén con aceite hirviendo, listo para freír una jugosa carne...
A cada sorbo que daba a mi helada agua, la chica parecía hundirse más y más en la arena hirviente. Mi botella de agua ya estaba tibia y apunto de acabarse, cuando me distraje un momento para pedir una segunda botella y un vaso con hielos. Cuando volví la vista a la playa, la chica no estaba ahí, en un parpadear se había evaporado entre millares de granos de arena.. Busqué sin éxito entre los bañistas y las olas aquel diminuto bikini rosado… no había rastro de ella..
A lo lejos, la playa parecía el desierto del Sahara. Calcinantes ondas de calor distorsionaban la imagen que llegaba a mis ojos derramando sudor, imágenes de rayos solares, arena ardiente, sudor en mi espalda…39° C en el aire.
Al final no aguanté más, y a pesar de terminar mi segunda botella de agua helada, me acabó venciendo el calor de aquel infierno tropical. Al marcharme de la playa, una brisa de viento movió aquel pareo azul cielo de la chica, lo llevó hacia el mar, hacia el cielo. Lo llevó ahí, donde las moléculas evaporadas de una chica de piel dorada, tomaban aún el sol ardiente del medio día.
Playa Carrizalillo-Oaxaca, México. Diciembre 2005.
Mientras me secaba el sudor de la frente, observé a través de mis lentes obscuros, como ella se reacomodaba un poco, persiguiendo los rayos del astro amarillo. La chica de cabellos rubios y un diminuto bikini rosado, parecía disfrutar del sol que a mí ya me había ampulado la espalda en otra terrible ocasión.
Acostada sobre un pareo azul cielo, la acalorada chica se desamarro el sostén. Su espalda me recordó un sartén con aceite hirviendo, listo para freír una jugosa carne...
A cada sorbo que daba a mi helada agua, la chica parecía hundirse más y más en la arena hirviente. Mi botella de agua ya estaba tibia y apunto de acabarse, cuando me distraje un momento para pedir una segunda botella y un vaso con hielos. Cuando volví la vista a la playa, la chica no estaba ahí, en un parpadear se había evaporado entre millares de granos de arena.. Busqué sin éxito entre los bañistas y las olas aquel diminuto bikini rosado… no había rastro de ella..
A lo lejos, la playa parecía el desierto del Sahara. Calcinantes ondas de calor distorsionaban la imagen que llegaba a mis ojos derramando sudor, imágenes de rayos solares, arena ardiente, sudor en mi espalda…39° C en el aire.
Al final no aguanté más, y a pesar de terminar mi segunda botella de agua helada, me acabó venciendo el calor de aquel infierno tropical. Al marcharme de la playa, una brisa de viento movió aquel pareo azul cielo de la chica, lo llevó hacia el mar, hacia el cielo. Lo llevó ahí, donde las moléculas evaporadas de una chica de piel dorada, tomaban aún el sol ardiente del medio día.
Playa Carrizalillo-Oaxaca, México. Diciembre 2005.
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