Reloj Circadiano
Reloj Circadiano
Creo
abrir los ojos nuevamente, observo la pared blanca y entre imágenes borrosas
distingo unas sábanas grises en la penumbra. Intento moverme sin lograrlo, mi
brazo derecho está debajo de mi cuerpo, no tiene fuerza ni yo control sobre el.
Creo que ambos estamos dormidos. Cierro los ojos y vuelvo a regresar a algún
absurdo sueño sobre mi infancia. La miss Rosa, nos regaña por jugar futbol en
el patio prohibido y confisca la pelota una vez más, reímos.
Llevo
más de tres semanas en cuarentena, no sé exactamente cuántos días. El tiempo en
estos tiempos se cuenta con números de contagiados, ayer alcanzamos más de 1
millón. Miro el calendario en mi habitación. Olvidé cambiar la hoja desde
febrero y marzo quedó vacío, ¿cuándo volveré a anotarle una cita para ir al
cine o tomar un café?
Seis
relojes me observan desde mi buró, uno está muerto desde el año pasado, no le
cambié la pila. No sé si los demás trabajan o también están en cuarentena. Antes
de estos tiempos virulentos no podía salir de casa sin llevar un reloj en la
muñeca. “¿Para qué usas reloj si el celular te da la hora?” - me parece que el
reloj es de los pocos accesorios que nos quedan a los hombres por usar,
contesté. Además, ¿qué es de un hombre sin un reloj que administre su tiempo con
horas, minutos y segundos?
Despierto
y desayuno, reviso la computadora y preparo el almuerzo, veo el conteo de los
nuevos muertos e infectados, miro alguna serie policiaca, ceno y me pierdo en
el mundo de los sueños. En esta cuarentena no hay tiempo, sólo espacio y ese
también ya es escaso. Me olvido de las horas y comienzo a actuar de acuerdo con
los rayos del sol. Un rayo entre las cortinas me despierta, otro rayo en el
balcón me avisa cuando tengo que entrar a preparar el almuerzo y poco antes de
la cena, los últimos rayos atraviesan el cielo lleno de nubes grises y
anaranjadas. El ciclo se repite ad infinitum.
Clase
de morfofisiología animal 1 - BL 312: “Todos los organismos eucariotas muestran
algún tipo de variación rítmica fisiológica, asociada con cambios ambientales
de luz y temperatura”. Los ritmos fisiológicos se sincronizan a los cambios
ambientales por relojes circadianos”. Observa su reloj el profesor Vergara y
sigue: “Los ritmos circadianos determinan los patrones de sueño y de
alimentación de los animales, también la actividad hormonal y cerebral, y hasta
la replicación de nuestro ADN”. Tic tac, quiero que termine la clase.
Mi
abuelo materno mantuvo a su familia gracias a su puntualidad y a cientos de
relojes que distribuía por todo el país en un Volkswagen. Sus jefes los señores
Schultzen, salieron de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial con un
mecanismo de reloj que marcaba con precisión las horas, como si se tratara de
una bomba. En la Ciudad de México fundaron la empresa de relojes Mauthe y mi
abuelo Jorge, ganó a pulso su empleo por la puntualidad hiperbólica que lo
caracterizó.
El
reloj interno de mi abuelo se detuvo hace unos años, sin manera de volver a
darle cuerda a su vida. Todavía me asomo a las viejas relojerías, para
encontrar relojes Mauthe a los que pudo dar cuerda y poner a tiempo con sus
manos alguna vez. Lo extrañaré hasta el final de mis tiempos.
Tengo
un reloj favorito, no porque sea bonito o elegante, si no porque hace un
hermoso tic tac cada segundo con su mecanismo suizo. Me gusta estar en un lugar
silencioso y sorprenderme con el sonido de su manecilla negra. Tic tac se
escucha cada segundo y me pregunto si mi corazón será un mecanismo tan preciso
como el de mi reloj suizo, ¿cuál se detendrá primero?
Vuelvo
a entreabrir los ojos, no sé si está amaneciendo o apenas va a anochecer. Estoy
perdido en un mundo sin tiempo en donde van y vienen días sin sentido, en donde
el próximo mes se esconde debajo de algún otro mes en mi calendario de pared. Estoy
extraviado en un breve espacio en donde los relojes no quieren marcar ni el
próximo segundo. Creo que el virus se metió con un estornudo hasta mi corazón y
descompuso la maquinaria de mi reloj circadiano.
Solamente
queda la noche y el día, sin embargo, bajo mis cobijas siempre es de noche y
frente al televisor todo el tiempo es de día. Vivimos como esclavos del tiempo.
Hoy no estoy seguro si extraño ser preso de los tiempos cronometrados o prefiero
vivir con la ausencia del sonido de mi reloj suizo. Extraño aquel tic tac, pero
extraño más a mi abuelo.
¿Será
que el virus se metió a nuestras entrañas y ajustó nuestro reloj circadiano?, el
tiempo lo dirá si es que un día vuelve. Cierro los ojos nuevamente y entro en
mi máquina del tiempo. Se escucha el tic tac y cuando los abro mi abuelo me
espera puntual del otro lado de mi sueño. Por favor cuando termine la
cuarentena no olviden darle cuerda al mundo, yo regreso en un minuto que voy a
soñar con otros tiempos, posiblemente por toda una eternidad.
Héctor
Perdomo Velázquez
4
de abril de 2020
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