39° C
Sentado bajo una palapa en la playa, disfrutaba de la vista que ofrecía la diminuta playa Carrizalillo. Aún debajo de mi sombra personal, la plástica botella de agua helada, parecía derretirse más rápido de lo que lo que la tomaba. Frente a mí, en la playa, cerca de donde rompían las olas del mar, una hermosa chica bronceaba su cuerpo tendida de espaldas al sol. Mientras me secaba el sudor de la frente, observé a través de mis lentes obscuros, como ella se reacomodaba un poco, persiguiendo los rayos del astro amarillo. La chica de cabellos rubios y un diminuto bikini rosado, parecía disfrutar del sol que a mí ya me había ampulado la espalda en otra terrible ocasión. Acostada sobre un pareo azul cielo, la acalorada chica se desamarro el sostén. Su espalda me recordó un sartén con aceite hirviendo, listo para freír una jugosa carne... A cada sorbo que daba a mi helada agua, la chica parecía hundirse más y más en la arena hirviente. Mi botella de agua ya estaba tibia y apunto de acabarse,...