Helados y coronavirus
Helados y coronavirus Son las tres de la tarde y el sol entra caliente por mi ventana. Afuera, el viento juega con las hojas de los árboles y una parvada de loros gritonea entre las flores anaranjadas de un tulipán africano. Es el día 29 de la cuarentena de la era del coronavirus COVID-19 del siglo XXI. También es un viernes de fin de mes, pero podría ser un lunes o un miércoles, da igual. He perdido el sentido del tiempo, los relojes están aburridos esperando administrar las actividades de mi día, con horas, minutos y segundos. A la distancia en el silencio de la calle se escucha la peculiar campanilla del señor de los helados. El ministro de salud aparece molesto todos los días en la televisión, para rogar a la población que se quede en casa para evitar el contagio. No hay peatones y rara vez pasa un auto por la calle, 5 millones de personas observan al ministro dentro de sus casas. La campanilla vuelve a romper el silencio ahora más cerca. Tengo casi un mes durmiendo...